Cuando hablamos de tecnología, usualmente pensamos en teléfonos inteligentes, tabletas, computadoras, televisores y otros aparatos electrónicos. Sin embargo, la tecnología es mucho más que estos aparatos o dispositivos. Aunque La Real Academia Española define la tecnología como un “conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico”, la realidad es que existen muchas maneras de definir este concepto. Según la Vicerrectoría de Tecnologías de la Información de la Universidad de Chile, la tecnología puede explicarse como “el conjunto de nociones y conocimientos científicos que el ser humano utiliza para lograr un objetivo preciso, que puede ser la solución de un problema específico del individuo o la satisfacción de alguna de sus necesidades”.
Considerando la explicación anterior, una forma en la cual la tecnología puede ayudar a lograr objetivos, solucionar problemas específicos de un individuo o satisfacer necesidades, es a través de las tecnologías de asistencia o asistencia tecnológica. Como bien dice su nombre, las tecnologías de asistencia son productos que permiten asistir a un individuo con alguna necesidad específica o discapacidad. Estas tecnologías tienen como objetivo principal promover la inclusión y la participación de personas con alguna necesidad especial o discapacidad, con el propósito de mejorar su funcionalidad y autonomía en su vida cotidiana.
Ahora bien, ¿cómo empleamos las tecnologías de asistencia? Actualmente existen diversos equipos que sirven como tecnologías de asistencia y pueden ser de baja tecnología o de alta tecnología. La selección y configuración de cada equipo dependerá de las necesidades específicas de cada individuo. Algunos ejemplos incluyen:
- Equipos de movilidad como bastones, andadores, sillas de ruedas, prótesis, interruptores y utensilios adaptados para facilitar el uso de objetos, tecnologías de seguimiento ocular y reconocimiento de voz.
- Equipos de comunicación aumentativa y alternativa como tableros de comunicación caseros o electrónicos (que permiten al individuo comunicarse mediante imágenes o expresiones generadas por un dispositivo electrónico), prótesis de voz o electrolaringes (para personas a quienes se les ha extirpado la laringe).
- Equipos para individuos con pérdida auditiva como audífonos, implantes cocleares y subtítulos en la televisión.
- Equipos para individuos con baja visión como magnificadores de letras y pantallas, bastón blanco, Sistema Braille y softwares de lectura en voz alta.
- Equipos para facilitar la memoria como calendarios, aplicaciones que proveen recordatorios y permiten agendar actividades o fechas importantes, softwares de predicción de palabras que ayudan a recordar las palabras que se quieren utilizar.
- Equipos para facilitar el aprendizaje como calculadoras, sistemas FM para individuos con dificultades de procesamiento auditivo, reproductores y grabadoras de audio, temporizadores para el manejo del tiempo y softwares de reconocimiento de voz o dictado.
Estos son solo algunos ejemplos, pues existen diversas tecnologías de asistencia dirigidas a satisfacer las necesidades específicas de cada individuo. Por esta razón, en casos de individuos con discapacidades, es necesario realizar una evaluación formal por un especialista capacitado en el área de asistencia tecnológica. Este especialista podrá guiarlo y ayudarlo a seleccionar la tecnología que mejor se adapte a sus necesidades y, de esta manera, aumentar su autonomía, independencia, participación social y disfrute en su vida cotidiana.
Este artículo fue hecho en colaboración con María Gabriela Arana Sagardía, M.S., CCC-SLP, DDIT. Se destaca como Patóloga del Habla-Lenguaje y está certificada en Deficiencias en el Desarrollo e Intervención Temprana. ¡Gracias por tu gran aportación, Gabriela!